YOLANDA MOLINA BRAÑAS

PINTURAS

Paisaje de montaña con línea de alerces. Oleo sobre lienzo.

Paisaje de montaña con línea de alerces. Oleo sobre lienzo 92 x 73 cm.

Crítica artística:

Esta obra se inscribe plenamente en la línea paisajística más madura y característica de la pintora aragonesa Yolanda Molina Brañas.  La artista construye aquí un paisaje de montaña que trasciende la mera representación topográfica para convertirse en un espacio de resonancia emocional y temporal.

La composición sigue una diagonal ascendente muy eficaz: desde el primer plano de terreno ocre y rocoso, el ojo es guiado por el sinuoso curso del arroyo (casi un río de plata fundida) que serpentea hacia el fondo. Este camino de agua actúa como eje narrativo, invitando al espectador a adentrarse visualmente en el valle. En el lado izquierdo, una potente masa de alerces en llamas otoñales (naranjas intensos, rojos terrosos y ocres dorados) crea un contrapeso dramático al lado derecho, más abierto y pedregoso.
Esta «línea de alerces» que da título a la obra funciona como una barrera vegetal vibrante que separa el primer plano del imponente macizo montañoso nevado del fondo. La artista resuelve con inteligencia el equilibrio entre lo denso y lo vacío, entre lo coloreado y lo monocromo.

El gran protagonismo recae en la paleta otoñal, donde los naranjas y dorados no son meramente descriptivos: son emocionales. Molina Brañas construye el otoño con una riqueza de pigmentos que va más allá del naturalismo, recordando ciertas herencias postimpresionistas filtradas por un intimismo contemporáneo.
El contraste entre el fuego vegetal del bosque y el gris perlado, casi plomizo del cielo genera una tensión melancólica muy propia de su obra. Los picos nevados, tratados con veladuras frías y toques de blanco azulado, parecen flotar en una atmósfera brumosa, casi onírica. Esta dualidad —calor cromático en lo cercano versus frialdad distante— sugiere el paso del tiempo, la efímera belleza del otoño y la permanencia imperturbable de la montaña.

En la ejecución se aprecia el gran dominio del óleo que caracteriza a la artista: empastes generosos en los alerces (donde el pincel crea texturas vibrantes que capturan el volumen de las copas) frente a veladuras más suaves en el agua y las montañas. El tratamiento del arroyo es especialmente notable: las pinceladas blancas y grises siguen la dirección de la corriente, logrando un convincente efecto de movimiento y transparencia.

Más allá de su evidente calidad técnica, la pintura transmite esa melancolía contenida tan recurrente en la producción de Molina Brañas. No es un paisaje alegre de postal turística, sino un paisaje habitado por la conciencia de la transitoriedad. Los alerces, árboles que mudan espectacularmente en otoño, simbolizan aquí la belleza que se sabe condenada a desaparecer pronto. La montaña nevada, en cambio, representa lo inmutable.La ausencia total de figuras humanas refuerza esa sensación de silencio y contemplación. El espectador se convierte en el único testigo de este momento preciso del ciclo natural, casi como un romántico del siglo XIX transportado al siglo XXI.

En conclusión, «Paisaje de montaña con línea de alerces» es una obra madura y coherente dentro de la trayectoria de Yolanda Molina Brañas. Demuestra su capacidad para transformar un motivo clásico (el paisaje de montaña otoñal) en una imagen personal, cargada de atmósfera y sentimiento, sin caer ni en el academicismo vacío ni en la estridencia gestual. Es, en definitiva, una ventana serena y profunda a la belleza efímera de la naturaleza, pintada con honestidad emocional y solvencia técnica. Una pieza que invita a la mirada sostenida, precisamente lo que la mejor pintura figurativa contemporánea debería conseguir.

«Paisaje de montaña con línea de alerces» tiene esa cualidad especial que solo poseen las buenas pinturas: cuanto más la miras, más te revela. Esa sensación de soledad contemplativa, de estar ante algo bello pero fugaz, es precisamente lo que Yolanda Molina Brañas consigue transmitir con tanta sutileza.

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2 Comentarios

  1. Tere julio 10, 2026

    El paisaje de otoño es colorista y precioso. El río parece de plata. Pero sigo pensando que lo absolutamente maravilloso son las montañas del fondo. Casi espero un dragón sobrevolándolas o una carga de guerreros por las laderas porque me parece un paisaje épico.

    • ymbarte julio 10, 2026 — Autor de la entrada

      ¡Muchas gracias! Ay, la èpica creo que somos muy de eso nosotras, no lo podemos evitar ;D

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